Por Sabina Alcarraz
Vivimos en un mundo vertiginoso, atravesado por la cultura de la inmediatez, la aceleración del pensamiento y la sensación permanente de que debemos estar productivos 24/7 para ser “exitosos” —siempre según el significado que cada persona le otorgue a ese concepto—. Este escenario instala un estado de hiperalerta en el sistema nervioso central que puede derivar en estrés y ansiedad, afectando la salud mental, la calidad de vida y, por supuesto, la performance laboral y profesional.
La ansiedad, en sí misma, es una emoción necesaria y funcional. Cumple un rol adaptativo cuando actúa como motor de ideas, proyectos, acciones y decisiones. En ese caso hablamos de una ansiedad basal y positiva, que impulsa el crecimiento y la motivación.
Sin embargo, cuando el distrés (estrés negativo) y la ansiedad paralizante se apoderan de la psiquis y del modo de operar cotidiano, los niveles de productividad descienden de forma significativa. Aparecen síntomas cognitivos como pensamientos negativos sobre la tarea o el entorno laboral, e ideas pesimistas acerca del propio desempeño: “soy un fracasado”, “no soy capaz”.
A nivel psicológico, emergen desmotivación, baja energía, desgano, tristeza, angustia y ansiedad extrema, acompañadas de un descenso en la autoestima. En paralelo, suele presentarse agotamiento psicofísico, dolores corporales y malestar general. Cuando estos síntomas se intensifican, pueden configurarse cuadros clínicos como depresión, trastornos de ansiedad (ataques de pánico, fobias específicas, ansiedad generalizada, trastorno obsesivo compulsivo) o síndrome de estrés laboral, entre otros.
En los últimos años cobró relevancia el boreout, una variante del clásico burnout que se manifiesta como aburrimiento crónico y profunda desmotivación frente a las tareas, la dinámica y las condiciones laborales. Este fenómeno impacta de manera directa en el rendimiento y la productividad de los colaboradores.
La ansiedad disfuncional y el distrés paralizan, bloquean y generan estancamiento laboral. Por eso, el clima organizacional cumple un rol determinante: cuando el ambiente se torna tóxico, se deterioran el entendimiento, la cooperación y el espíritu de equipo. Cada empleado posee su propia historia, rasgos de personalidad y perfil psicológico; si a esto se suma un entorno hostil, el resultado difícilmente sea positivo, ni para el trabajador ni para la organización.
El capital humano es, sin duda, el activo más valioso de una empresa y su verdadera carta de presentación. Cuidarlo y brindarle herramientas para un desempeño saludable forma parte de la responsabilidad y el compromiso empresarial.
En este sentido, resulta fundamental que las organizaciones:
1. Prevengan el estrés y la ansiedad patológica en sus equipos.
2. Detecten tempranamente posibles casos dentro de la empresa.
3. Desarrollen planes de acción que incluyan intervención psicológica y actividades de bienestar: workshops, conferencias in company, espacios de formación emocional y programas presenciales o remotos.
Estos beneficios son cada vez más valorados por los colaboradores, quienes perciben que la empresa se preocupa genuinamente por su bienestar. Además, funcionan como un verdadero “salario emocional”, fortaleciendo el compromiso y el sentido de pertenencia.
Con frecuencia, pacientes del ámbito corporativo destacan la importancia de contar con espacios donde aprender a gestionar sus emociones, adquirir herramientas prácticas e interactuar con sus colegas desde un lugar más humano y empático.
El bienestar y la felicidad laboral no son conceptos abstractos: constituyen la base de empresas exitosas, productivas y, sobre todo, organizaciones donde las personas eligen trabajar y desarrollarse.
Sobre Sabina Alcarraz
Sabina Alcarraz es conferencista internacional, psicóloga clínica, psicoterapeuta cognitivo-conductual y especialista en trauma psíquico (EMDR). Experta en autoestima y pionera en psicoestética en Uruguay y América Latina, es además escritora y podcaster.
Como conferencista, brinda charlas, talleres y seminarios en América Latina y Europa, donde aborda temas como autoestima, regulación emocional, trauma, bienestar integral y la relación entre imagen personal y salud mental. Sus presentaciones se destacan por un enfoque práctico y humano, combinando herramientas terapéuticas con experiencias reales que permiten a las personas generar cambios sostenibles en su vida personal y profesional.






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