Nadie la vio. Tantos analistas políticos, encuestadores y periodistas especializados que preanunciaban un resultado electoral que terminó siendo opuesto. La trayectoria y la reputación de renombrados especialistas en jaque al haber vaticinado en off y en on que LLA como máximo podía aspirar a un módico 35 por ciento de los votos a nivel nacional y a descontar algunos puntos de los 14 por los que perdió en la provincia de Buenos Aires.
Nadie logró interpretar la intención de voto de un electorado que decidió acompañar al gobierno con un apoyo contundente. Acaso por miedo a la inestabilidad que podría producir un lunes negro, tal vez por miedo al caos financiero de un dólar desbocado, o directamente por convicción o rechazo a un eventual empoderamiento kirchnerista. Milei ganó tiempo y tranquilidad. Ahora tiene ante sí una oportunidad histórica. Hay demasiados casos recientes de gobiernos que resultaron ganadores en elecciones de medio término y no pudieron (o supieron) generar condiciones para resolver los problemas del país.
Pareciera que el presidente busca avanzar en reformas a través del consenso y el acuerdo con los gobernadores. Su pragmático discurso en la noche triunfal, moderado y conciliador, podría convertirse en el punto de partida del nacimiento de un gobierno alumbrado por el imán que el presidente genera en buena parte de la sociedad. Más apertura al diálogo y menos confrontación? Lo pidió Estados Unidos, lo exige también, la gente. Apoyo económico desde afuera, apoyo político desde adentro. Ojalá que esta oportunidad histórica, sea aprovechada.
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