La política amateur es evidente, y no alcanza en conseguir los resultados que se propone.
La política amateur es la que no es capaz de resolver el metro cuadrado de problemas que tiene el ciudadano. El que se levanta a la mañana y tiene que mirar para los costados para que no le roben, que no ve que pase un patrullero por su casa, que tiene que caminar por calles de tierra muchas cuadras hasta llegar a la parada de colectivos a esperar.
La política amateur es la que no consigue instrumentos para atender los problemas de la gente y se mira a si misma, se habla a si misma y se regodea con un ombliguismo de ecosistema inconducente que sólo se mira a su propio espejo.
La política amateur es la que no construye, la que divide, la que piensa solo en una polarización barrabrava para perpetuar ciclos.
La política amateur es abandono, es décadas de tiempo dilapidado, de desesperanza.
La política amateur produce violencia política, como en Colombia, como en México. Países que siempre fueron reflejo doloroso de enfrentamientos armados. En qué instancia está Argentina? Ojalá que no sea un inicio embrionario los episodios dolorosos y recientes de Junín, Lomas de Zamora y Corrientes, donde primaron la intolerancia y el odio discursivo.
La política amateur no aleja las sospechas de corrupción.
En América Latina en los últimos cuatro años hubo 16 elecciones presidenciales. De esas 16, en 13 ganaron partidos políticos que tenían menos de diez años de existencia, incluyendo Argentina.
La política amateur se expone en elecciones legislativas. Está en la ciudadanía analizar, pensar y ayudar desde el compromiso y la participación, a dar un salto hacia la madurez y el profesionalismo responsable, para que el país deje atrás tantas miserias, en palabras, y en hechos. Argentina, está esperando.