Argentina en loop, escenario repetitivo y agotador.
Argentina nuevamente repitiendo su historia reciente, aquella que carga de angustia a nosotros, ciudadanos comprometidos con la vida cívica.
Nuevamente en medio de otra crisis cambiaria, con riesgo país y dólar subiendo aceleradamente, mercados a la deriva, incertidumbre dominando.
La democracia tiene la asignatura pendiente de que la clase política defina un rumbo y logre el acompañamiento de opositores, sindicatos, diputados, senadores, empresarios, gobernadores, sociedad civil.
Sería lo realmente inédito en un país demasiado acostumbrado a repetir recetas políticas de polarización, internas a cielo abierto dentro de los sucesivos oficialismos, discursos en eterna clave electoral. No se convoca, se da pelea. No se acuerda, se divide. No se empatiza, se deja en el desamparo, se es fuerte con los débiles, se es débil con los fuertes.
FMI, deuda, macroeconomía, dólares. Campaña. Elecciones, pérdida de magia, de encanto, de credibilidad, más grave aún. Y el metro cuadrado de cada argentino que se aleja de la retórica populista de derecha o de izquierda. Acaso esa apatía no se traduce en la baja participación de cada elección? Cómo convencer y convencernos de que la única solución es el compromiso participativo cuando la ejemplaridad se esfuma, antes, y ahora?
Proyectos que se caen, expectativa en baja. Vacaciones, alquiler, créditos, todo sucumbe en esa palabra que nos acompaña como una pesada mochila que nunca podemos dejar de lado: incertidumbre. En el largo plazo, ahora en el mediano y en el corto, que se estira a sólo algunas semanas. La Argentina en loop duele, cansa, pero nos obliga. A votar y participar para que ese voto sea construcción, necesaria, más que nunca.
