En un gimnasio viven 9 familias. Cada una, armó pequeñas tiendas para tener algo de intimidad. Llevan una semana refugiados, lejos de la casa propia, bajo el agua hasta quien sabe cuando. Los chicos -algunos con vomitos y enfermedades respiratorias- se entretienen entre las carencias, con lo que pueden. Hasta que llega la sorpresa: un grupo de vecinos consigue un proyector y lo instala para que puedan ver la película. Una caricia, entre tanto sufrimiento, antes de volver a empezar.

Guillermo Panizza
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