El humo irrespirable de los gases se entremezcla con las fogatas en las esquinas, encendidas en los «plantones» caraqueños como muestra de repudio al gobierno. Poco parece haber quedado de aquellos años de chavismo con bonanza social, medidas de inclusión, y las alocuciones siempre magnéticas del ex líder venezolano, capaz de avanzar o retroceder en sus estrategias respecto de la oposición, como parte del control político que supo ejercer en el ahora diezmado país.
De poco parecen trascender los desacreditados llamados al diálogo y a un cronograma electoral de un actual mandatario, Nicolas Maduro, en su peor momento y frente a una crisis que parece agravarse día a día, ante límites insospechados. Colegas a través de redes, audios de WhatsApp y mail que piden ayuda internacional de otros periodistas, que, impotentes, que tramitan a ritmo febril, las visas de trabajo para reportar en primera persona, la dimensión que ha tomado un proceso de ruptura institucional, crisis social, desabastecimiento, inflación y violencia, nunca vistas en su historia.
¿Cuál será la salida? Hay luz al final del camino? Por qué han sido infructuosas las gestiones de mediación de la Iglesia? Que ocurre con los organismos internacionales? Por qué potencias como Estados Unidos denuncian situaciones arbitrarias en los foros de discusión y siguen dependiendo de la primera reserva de petróleo del mundo? Las preguntas se precipitan en búsqueda de respuestas que solo pueden obtenerse si los organismos bolivarianos conceden nuevos permisos a la prensa extranjera, expectante aún, como en nuestro caso, por retratar la tragedia venezolano. La incertidumbre se apodera de un país con grandes amigos y compañeros que hoy claman por la necesidad más preciada: PAZ
Guillermo Panizza
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