Terremoto en Italia: Diario de viaje (2)

El desafío era grande. Llegar, como sea, al epicentro de la tragedia. El viaje, interminable, quita fuerzas pero a la vez supone la enorme contradicción de acumular energías para el trabajo. Augusto, Bula, Sebastián y este servidor. Compañeros y profesionales conformando un equipo que solo quiere relatar una historia enorme. Donde queda al descubierto el costado humano màs vulnerable: el dolor, la pérdida, pero también la ayuda, la solidaridad y el entusiasmo por tender una mano. De eso se trataba una nueva cobertura periodística.

La adrenalina en su máxima expresión al bajar del avión en Roma e intentar, de inmediato la salida al aire para el noticiero de las 13 hs. Doble desafío, de entrada. Contar con información, retirar el auto alquilado y tratar de partir rápido en lo que sabíamos iba a ser un largo tramo de viaje, con rutas intrincadas, caminos de montaña y controles policiales exhaustivos, dada la magnitud del acontecimiento.

No hay tiempo para todo, y entonces hay que dividirse. Productor y asistente, recuperando equipaje y trámites de rigor: camarógrafo y periodista, a la calle para salir al aire. Llamados telefónicos a colegas en el lugar de los hechos, largos minutos para la conexión de audio y video. El tiempo se precipita y no hay pausa, y sì prisa, y mucha. Demasiada. La salida al aire es un hecho, en tiempo y forma, pese a las objeciones de la policía aeroportuaria que pregunta demasiado y demora el trabajo, como cumpliendo un protocolo mundial que se establece contra la prensa, en cualquier lugar del mundo. Italia no es la excepción.

El trabajo nos espera, hay que manejar 150 kilómetros hasta Amatrice, un pueblo descripto por Wikipedia y las primeras crónicas como de ensueño medieval. Pero comienzan a aparecer (como siempre) los primeros obstáculos. El GPS se empecina en devolver señales confusas y sonidos indescifrables. Los kilómetros y nada parece indicar que tengamos las coordenadas certeras de como llegar. Y si, nos pasamos. Varios kilómetros. Hay que volver a empezar. Discusiones, malhumor, fastidio predominan en el vehículo a toda velocidad. Cae la noche y el tiempo apremia. Se vislumbra un paisaje atractivo y posiblemente inolvidable, con la marcha de nuestro paso por pueblitos cinematográficos, viñedos y colinas. !Què hermoso lugar, pienso, sin manifestarlo en voz alta. Los sentidos, la concentración y la energía están en otro lado: en llegar, como sea, y en ese GPS maldecido y vapuleado por su inutilidad, que no nos puede guiar -todavía- a ningún lado.

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