Se la ve siempre fuerte. Estoica. Firme y respetuosa en cada respuesta, solícita para las entrevistas periodísticas y hacer visible su lucha, la que transformó en una lucha de todos. Susana Trimarco estremece.  La historia de su búsqueda de justicia fue tan reveladora y aportó tanto a la comprensión del problema de la explotación sexual de víctimas de trata como la de su hija Marita Verón, que Susana suele comentar que tanta prédica, y como consecuencia inmediata, tanta repercusión, la sigue sorprendiendo.

Antes de la desaparición de Marita, ni siquiera había en la Argentina legislación específica para la prevención y castigo de la explotación y trata de personas.

Se hicieron documentales, programas enteros de televisión, y la historia dolorosa de una chica cuyo rastro se pierde en 2003, obligó a que muchos comenzaran a trabajar en prevenir la trata y asistir a quienes la padecieron. Marita jamás fue encontrada, ni viva ni muerta.  Y su mamá, nunca, dejó de buscarla.

El juicio y oral y público realizado en Tucumán, permitió que se ventilaran relatos escalofriantes sobre el drama de jóvenes que denunciaron el martirio atravesado durante años en los burdeles del norte de nuestro país.

En la presentación de las pruebas durante el debate , se impuso finalmente la valoración de la palabra de las jóvenes que, como Marita, fueron víctimas de la explotación sexual pero, a diferencia de ella, pudieron contar sus horrorosas experiencias, colocándonos frente al imperativo moral de evitar que su calvario se repita.

La absolución de los acusados mereció críticas y reveló la compleja trama que rodea al negocio de la explotación sexual y el nivel de complicidad que existe con las fuerzas policiales de la provincia de Tucumán. Y el poder, siempre presente, protegiendo o mirando para otro lado. Exactamente lo contrario a lo que acostumbra a hacer una madre coraje, simplemente un ejemplo donde reflejarse: Susana Trimarco.

Admin
Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInEmail this to someone