OPINION: QUE DEBE HACER UN PERIODISTA EN UNA CATASTROFE

La logística que supone la cobertura de un terremoto es muy difícil de cuantificar. ¿Cuánta gente vemos trabajando? Qué tipo de trabajo están realizando tantas personas? Por más que estemos curtidos en tareas periodísticas en las que debemos comprometernos desde lo emocional, lo humano y hasta lo físico, cuesta comprender la lógica tan abarcadora de semejantes operaciones de rescate, ni bien uno arriba al teatro de los acontecimientos.

La llegada, de por sí, es un golpe directo a la racionalidad. Agotados después de tanto andar, sorteando rutas intransitables, kilómetros a oscuras y puestos de control policial exhaustivos, ya estamos en la denominada Zona 0.  ¿Por dónde empezar?. Atravesamos cientos de kilómetros a toda velocidad para llegar lo mas rápido posible y evitar la noche profunda. Un lugar desconocido, con códigos inimaginables, que nos parece cercano por raíces y descendencia, pero que resulta indescifrable de antemano. ¿Dónde está el comité de crisis? ¿Con quién hablamos? ¿Dónde están los damnificados?¿Qué pasa con la ayuda? ¿Se sigue trabajando en el rescate bajo los escombros? Hay que entender que semejante movimiento, febril y agotador, no puede detenerse sólo para saciar el apetito periodístico de la prensa. Aprendí a entender algunas cosas: el periodismo, fundamental en situaciones de alta exposición, queda reducido a la nada a la hora de que se brinden respuestas. Somos la prioridad numero 20, supongamos. A veces no hay tiempo para que alguien se detenga a hablar con cronistas de todo el mundo que necesitamos imperiosamente algún dato para salir al aire. ¿Y entonces? Honestidad intelectual, ante todo. Describir, lo que vemos, sentimos, olemos. Evitar, si se puede, cualquier autorreferencialidad que desdibuje el eje de lo que está pasando. Delante nuestro hay una ciudad en ruinas, cientos de familiares que sufren por perdidas de seres queridos, recuerdos, historias. Y también pertenencias, objetos de valor, documentación, casa, la vida misma. ¿Qué somos ante eso? Cuál es nuestro rol? Hay muchas maneras de pensar y luego contestar esta pregunta. Personalmente creo que ante todo debemos constituirnos en prestadores de un servicio. Ayudar en la difusión de lo que corresponda, de manera responsable, sin sensacionalismo ni caer en golpes bajos, para que podamos lograr una respuesta eficaz y rápida. Por ejemplo, respecto de las necesidades puntuales y el pedido de ayuda. Un terremoto desata fases de requerimientos: al principio se piden frazadas o cualquier abrigo y comida. Luego, satisfecha esa demanda, viene otra etapa. Elementos de higiene y limpieza, indispensables para la larga y penosa estadía que se avecina en gimnasios, escuelas y canchas de futbol.

Mientras los voluntarios siguen llegando a pie, en auto y hasta en moto, para ayudar y crear conciencia sobre lo que está pasando, nos planteamos cómo seguir. Lo que vemos nos conmueve. ¿Por qué no contarlo? Las cifras de víctimas y desaparecidos van variando de acuerdo a los voceros que las informen. ¿Es necesario hacer especial hincapié en este aspecto? Mostramos la actitud desinteresada, solidaria y especialmente emocionante de aquellos que dejaron la comodidad de sus livings para convertirse en militantes de la colaboración. Hablamos con Carlo y Simone, que manejaron casi 300 kilómetros desde Nápoles hasta Amatrice con el único objetivo de traer bolsos cargados de ropa, y cajas repletas de fideos, arroz, latas de arvejas y conservas.

“¿Y ahora, Señor, que hacemos? Cuantas veces, en el silencio agitado de mis noches de vigilia y espera, le hice a Dios la misma pregunta que ustedes reiteradamente me hicieron en estos días”, dice el Obispo de Ascoli, monseñor Giovanni Dercole, que encabezó el rito fúnebre en presencia de los deudos y las más altas autoridades del país, el presidente Sergio Mattarella y el primer ministro Mateo Renzi. A distancia, la prensa mantiene respetuoso silencio. Mas tarde, se impone el regreso a la ciudad en ruinas. ¿Encontraron algo? ¿Hay alguien entre los escombros? Los bomberos no dan explicaciones. Rodean las montañas de bloques de cemento con linternas y se mantienen tensos y herméticos. Uno de ellos se nos acerca y nos balbucea: “son ladrones”. Sentimos escalofríos. Nos resulta difícil de comprender, pero decidimos contarlo. El costado humano también presenta su peor cara, aun en situaciones limite, como la que nos toca vivir de cerca. El fin de semana del terremoto, Amatrice tenia la mesa lista para celebrar la 50 edición de la Fiesta Degli Spaghetti alla Amatriciana, el evento mas popular de toda la región central de Italia. Aquí, los habitantes atraviesan su propio duelo. La fiesta, transformada hoy, en una mera utopí

a.



Guillermo Panizza
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