La proximidad del Día de la Madre nos lleva a reflexionar sobre el rol de la mujer en los tiempos que corren. La consolidación profesional no siempre entra en tensión con la maternidad y para ser buena madre no hace falta quedarse en casa. Aquí, la historia de dos “mompreneurs” que confirman que se puede ser madre y emprendedora sin morir en el intento.


Lorena y Laura se conocieron por sus hijos que iban al mismo colegio. Sentían que el chat de mamis no era el vínculo que querían tener entre sí. Se reunieron en un café en 2016 dispuestas a hacer un negocio. Y poniendo sobre la mesa las capacidades con las que una contaba, lograron crear un producto que no existía en el mercado. Así nació el primer vino antiage del mundo creado por una psicóloga y una farmacéutica que tenían bien en claro lo que querían.

“Lo primero que hicimos fue apuntar en un cuadernito los insumos que teníamos. Una tenía contactos y conocimientos de bioquímica. Y yo tenía la experiencia de trabajar con la subjetividad femenina, sus valoraciones y aspiraciones”, recordó Lorena González Ortiz, la psicóloga de este equipo.

Laura es Laura Hernández, farmacéutica, quien sabía que duplicando la concentración de resveratrol, podían tener un producto capaz de retrasar el envejecimiento.

“Pudo haber sido un vino, un cosmético, o un libro. Lo importante es que no nos quedamos esperando que suene el teléfono. Nos inventamos nuestra propia fuente de ingresos a partir de nuestras fortalezas y aptitudes”, destacó Laura Hernández.

“No voy a decir que fue fácil. Por un lado debimos sacrificar los propios ahorros y repartir el tiempo entre la familia y el negocio. Pero por otro lado, debimos aprender a lidiar con los prejuicios de una cultura machista. En este sector, nadie esperaba toparse con dos mujeres a la hora de empezar a hablar de vinos”, contó.

Guillermo Panizza
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