La grieta se agiganta. Cruje cada día y se transforma en un abismo insalvable. Seis días que fueron una eternidad. La causa vialidad y la acusación del fiscal Luciani dejaron al descubierto una situación latente, siempre adormecida pero que refleja un estado de cosas en carne viva. Puede ser por la administración de la pandemia, por la discusión de la coparticipación, por tratamiento de leyes específicas. Todo, en nuestra Argentina caliente y dolorosa, parece ser a matar a morir, sin términos medios ni matices.

Con disputas enfervorizadas, intensas, y sí, violentas.

La sensación es que la mecha está encendida y todo el tiempo puede producirse ese fogonazo de consecuencias insospechadas.

En las últimas horas fue la colocación de una valla, o la necesidad de garantizar un mínimo código de convivencia entre quienes quieren manifestar su apoyo a la vicepresidenta y quienes desean vivir con tranquilidad.

Hubo que esperar seis días para que ese choque de intereses y derechos que colisionan y están en pugna pudieron dirimirse.

Algunos de los antecesores de Cristina en la presidencia pasaron antes por disgustos parecidos. Carlos menem y Fernando de la Rúa, por ejemplo, fueron sometidos a procesos judiciales. El primero de ellos fue, además, detenido. luego fue condenado, pese a lo cual pudo ser senador hasta el día de su muerte.

El espejo con Menem aterra a la vicepresidenta.

Pero lo que aterra a la sociedad qué es? Su destino judicial? La economía de Massa? El ajuste? O lo que pasa con la valla? Esta parece ser, lamentablemente una nueva excusa para que sigamos acercándonos peligrosamente al abismo.

Guillermo Panizza
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