Diario de viaje, terremoto en Italia (día 1)

Primero se escucha un estruendo, como si fuera un trueno, lejano pero estremecedor. Luego, el piso se mueve, generando una vibración que parece interminable. Son segundos, uno, dos, tres, acaso. Pero la sensación es de incertidumbre. Qué puede pasar luego? Cómo puede seguir cada instante? En ese momento no hay respuestas. Ninguna. Solo dudas. Y miedo, claro. Las miradas que se cruzan entre cada uno de nosotros; Augusto, Bula, Sebastián. Productor, camarógrafo, asistente. Sintieron? Tremendo! Ojos bien abiertos y la complicidad con todo aquel que circule cerca nuestro. Socorristas, bomberos, rescatistas, dan indicaciones y confirman la presunción transformándola en certeza. Fue una réplica. Una màs desde que pisamos tierra italiana. Y uno siente pequeñez y desprotección, ante la reacción de la furia de la naturaleza. Y nos ponemos a pensar en tanta gente damnificada, que ha perdido a sus seres queridos, que no tiene nada.más. Nada. Que salvò su vida de milagro y quedó, literalmente, con lo puesto. Ni siquiera recuerdos. Vecinos que buscan de todas las maneras posibles, entre llantos, volver a las ruinas de su casa. Para retirar alguna foto, los ahorros con que contaban debajo de la mesa de luz, la documentación fundamental para acreditar los daños, las pérdidas, lo que ya no està. Hay quienes solicitan, a los gritos, poder superar las vallas de contención de la “zona cero” para ir en busca del documento de identidad. Conmueven e impactan en el alma las lágrimas de un vecino de Albania que huyo de las guerras para iniciar una vida en paz en este país y que ahora tiene miedo de que lo deporten junto a su familia porque no tiene los permisos ni los papeles de ciudadanía.
Amatrice, a 150 kilómetros de la eterna Roma, es un área bombardeada. Gente que camina sin rumbo durante la noche, y aprovecha la oscuridad para intentar la quimera de volver a casa. Como si ese regreso pudiera aliviar tanto dolor, tamaño sufrimiento. Cubiertos por frazadas en la fría y seca noche de esta región de hermosura medieval, edificaciones històricas y patrimonio de la humanidad, aquellos que todavía conservan algo de fuerza, se desplazan, abrazados a los afectos. En el gimnasio de la ciudad voluntarios y psicològos colaboran con las victimas. Hay catres disponibles, café, mantas y mercadería que se acumula en las gradas, que sigue llegando en cantidades solidarias y movilizadoras. La prensa -y aquí nosotros- respeta la intimidad y no insiste con un permiso para filmar dentro de las instalaciones. El sentido humano, básico, primordial, se antepone al interés periodístico, siempre, dominando cada acción.


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