Hace ya 17 años, un Papa polaco, Karol Wojtyla, desembarcaba por primera vez en Cuba. Después de décadas de tensión con el Vaticano, el estado ateo se declaraba admirador de la prédica del Santo Padre, de 77 años de edad, que buscaba dejar la semilla de su mensaje aperturista.

Aquella frase inolvidable, murmurada en un correcto castellano trastabillante, marcó un antes y un después en la Isla: “Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”, señaló ante el líder revolucionario Fidel Castro.
Aquella gira papal, acontecimiento único, fue del 21 al 26 de enero. Una multitud de periodistas llegados de los puntos más remotos del planeta, abarrotaba hoteles y casas de alojamiento en toda la capital.

Tuvimos el privilegio de poder contar las historias personales de los habitantes del país caribeño. Con su impronta, su sello, su cadencia y ese espíritu amigable y hospitalario que los caracteriza, relataron la expectativa y la esperanza que se precipitaba en sus vidas con la llegada del jefe de la Iglesia Católica, por primera vez. Nos abrieron sus puertas. Nos invitaron a comer, y hasta nos alojaron para compartir algunas horas de su vida cotidiana. Los más veteranos, defensores a ultranza de los logros de la Revolución Socialista. Los más jóvenes, con espíritu crítico, hacían referencia a las consecuencias del llamado “Período Especial” que sumió a la Isla en la más profunda crisis económica imaginable, a raíz de la caída del campo socialista de la ex URSS. Carencias, penurias, pero resistencia y dignidad ante el bloqueo estadounidense. Así podría sintetizarse cada testimonio de los muchos que volcamos en aquellas ediciones de Telefe Noticias junto a mi compañero Juan Carlos Rodríguez, camárografo que me acompaño durante toda la cobertura, que incluyó el registro de la misa multitudinaria en la Plaza de la Revolución y soportó estoico el envío de los 10 playouts diarios de envío de material que requirió aquel trabajo, que conservamos en lo más profundo de nuestro corazón, y en nuestro archivo personal.

Recuerdo la tarea en las calles, en los barrios, en Vedado y Miramar. Es que los voluntarios católicos hicieron  visitas a miles de familias, en una suerte de ronda de propaganda casa por casa, para invitarlas a asistir a las misas y a saludar al Papa a su paso por las calles de las cuatro ciudades que visitó aquella vez, el Santo Padre: La Habana, Santa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba, cuna de la revolución.

“Que Cuba se abra al mundo, y el mundo se abra a Cuba”, dijo aquel Papa, en presencia, también, de Jorge Mario Bergoglio, autoridad eclesiástica argentina que reprodujo diálogos de entonces en un libro que acaba de conocerse en nuestro país. Llegó el momento de comprobar si la frase acuñada, se convirtió en semilla que germinó en tierra fértil, 17 años después.

Admin
Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInEmail this to someone
Compartir
Artículo anteriorA 14 años del 11/S
Artículo siguienteSagrado Corazón