Cuando las palabras no se las lleva el viento

Litto Nebbia, autor de la canción “Llegamos de los barcos”, dice en sus versos: “Los brasileros salen de la selva / los mexicanos vienen de los indios / pero nosotros, los argentinos, / llegamos de los barcos”. Pasaron algunos días de aquel momento en que las palabras lanzadas al viento por el presidente comenzaron a hacerse eco en los principales portales de noticias de medios de América Latina. Las repercusiones se hicieron notar y hasta provocaron que algunas líneas extraoficiales de la diplomacia se activaran.

El presidente Alberto Fernández pronunció esa frase sin citar a su autor delante del presidente del gobierno español Pedro Sánchez. Con la idea de agradarlo, de ser gentil como anfitrión. No hizo ninguna aclaración específica, concreta, contundente al decirla ni cual era su origen. El presidente supuso que el auditorio y el jefe de estado agasajado daban por descontada la comprensión de la cita. Las palabras fueron atribuidas al premio nobel de Literatura, José Octavio Paz, que alguna vez ironizó sobre las mismas, lo mismo que el periodista Martín Caparrós, aplicándolas en un sentido metáforico desde ya, en un contexto posiblemente más adecuado.

Es evidente que los últimos mandatarios de nuestro país tienen una debilidad por los orígenes migratorios de nuestra población y también han sido manifiestamente claros en exponer sus pensamientos.

Dijo Mauricio Macri en enero de 2018: «En Sudamérica todos somos descendientes de europeos». Señaló Cristina Fernández de Kirchner en abril de 2015: “Somos hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes. Esto es la Argentina”.

No hay grieta, parece, en algunas cuestiones más vinculadas a las ideas más íntimas de algunos dirigentes de nuestro país.

Ahora, bien, la frase fue dicha. Y el daño está causado, y el revuelo, generado, más allá de las disculpas. Los políticos, queda demostrado una vez más en este desafortunado comentario del presidente, parecen demostrar que funcionan, se rigen y hablan como pertenecientes a una casta, a una corporación. Es enorme el capital simbólico que se pone en juego, que se pierde, con manifestaciones de esta naturaleza. También había dicho Alberto Fernández que Evo Morales era el primer presidente boliviano en parecerse a un boliviano. Lo malo no es tan solo que los dirigentes improvisan, lo duro es que al hacerlo desnudan la pequeñez de su pensamiento.

Pero podría convertirse este hecho en una triste anécdota con enorme ruido en la bien entendida diplomacia si detrás no hubiera decisiones que apuntan a profundizar el concepto de grieta, pero en este caso de la política divorciada de la sociedad y de sus angustias. Para muestra, nada mejor que otro dichos, posiblemente mucho más desafortunados por la indignación que generan, de la diputada oficialista Fernanda Vallejos, validando el aumento del 40 por ciento para diputados y senadores porque, dijo, es “una vergüenza” lo que ganan. Otra frase fuera de lugar en este contexto dramático de pandemia y crisis económica, tan agraviante como la del presidente, que impacta, otra vez, en el ánimo de una población hastiada.

 

Guillermo Panizza
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