Entre gobernar y “comunicar”

Se respira un clima extraño en los pasillos de la Casa de Gobierno. Cuentan los colegas acreditados en la Rosada -que vieron desfilar infinidad de funcionarios- que la expectativa inicial por la actitud de apertura mediática del infatigable y flamante jefe de Gabinete Jorge Capitanich, se va esfumando, de a poco, muy lentamente

No se trataba de extender una alfombra de rosas para el vocero oficial de la gestión diaria del gobierno -obligada la presidenta a menor exposición a propósito de la necesidad de evitarle stress por cuestiones de salud- ni mucho menos. Pero muchos saludaron la novedad de contar con un interlocutor que recordara aquellas mañanas palermitanas de guardia en la puerta del departamento del ex ministro menemista Carlos Corach.

Claro que ese entusiasmo, se fue esfumando. Algunos pasos en falso, declaraciones desafortunadas, dichos que no tendieron a lograr la inmediata resolución de problemas -léase saqueos y rebelión policial en Córdoba- pusieron en duda el éxito del cambio de política comunicacional del Ejecutivo.

La negativa a responder preguntas tan básicas y elementales como un proyecto de ley sobre trata de personas que duerme en el Congreso, mostraron la cara menos deseada por el gobernador con licencia del Chaco. A la defensiva, altivo, e intentando modificar el eje de los cuestionamientos al gobierno, Capitanich ya no goza de las mieles del “debutante”. El vértigo y la dinámica de la agenda política -y periodística- vernácula se convierte en un terreno fangoso no apto para inexpertos. O para aquellos que como “Coqui”, requiera de un coaching urgente para comunicar -en formas, tiempos, pero sobre todo con contenido de fondo- propuestas que permitan mejorarle la vida a la gente, y no acordarse de ella solamente cuando hay que ir a votar.

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