Otra historia para contar, una experiencia más para compartir. En medio de extrema tensión -que muchas veces se absorbe en el cuerpo por los periodistas de esta cobertura, como en nuestro caso durante la represion policial- el hermano país se debate en una encrucijada dolorosa, tramas de corrupción y escándalos políticos con el único antecedente de 1992 cuando Fernando Collor debió abandonar el poder. Durante nuestros días en Brasilia comprobamos hasta qué punto el incierto panorama se puede transformar en una situación extremadamente peligrosa desde lo económico y lo social. Entre las emblemáticas construcciones futuristas del genial Oscar Niemeyer, enmarcadas en una ciudad, donde, curiosamente, cuesta encontrar casas, domicilios particulares y comercios (a simple vista asoman ministerios, edificios públicos, embajadas y hoteles) pudimos palpar el pulso de la sociedad de este país. Notamos que la desconfianza sobre las nuevas autoridades llega a los más altos niveles, sin que esto signifique una adhesión a la presidenta separada de su cargo, Dilma Roussef. O sea, Temer no gusta por su escaso carisma y conocimiento -y por el cuestionado proceso por el cual accede a Planalto- pero Dilma tampoco, por la envergadura de la crisis económica, con nulo crecimiento desde hace años, alta desocupación, recesión e inflación, conformando un cóctel explosivo, una “bomba de tiempo” que ojalá pueda desactivarse a tiempo.
En lo inmediato, se prevén elecciones municipales en octubre, que servirán de parámetro para medir las fuerzas del Partido del Movimiento de la Democracia Brasileña y las del Partido de los Trabajadores, durante años el más importante del continente durante más de 13 años en el poder brasileño. Y el proceso a Dilma? Largo recorrido para la sospechada y turbia burocracia parlamentaria y judicial, entre plazos para acusaciones y defensas, presentación de pruebas y testimonios, a través de los cuales la oposición intentará asegurarse los votos para destituir a la mandataria ya separada de sus funciones.
En las calles se plasmará el estado deliberativo y de interpelación a un gobierno sin representación de mujeres ni de la raza negra. Y este
gobierno provisorio, con bajos índices de popularidad, deberá dar respuestas económicas y enfrentarse a la resistencia en las calles de los movimientos anti impeachment. Un escenario de desafíos cruciales y enorme expectativa. Incertidumbre, nao tem fin, en el vecino país.

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