El gigante emergente y una Copa histórica

Son días intensos en Brasil. Más que eso, el ajetreo por el trabajo interminable, la dinámica de las noticias durante la cobertura, nos impiden por momentos detenernos a analizar el contexto.

Brasil está apagado. No hemos visto por estas horas la efervescencia que acaso pudimos imaginarnos antes de viajar. En Río de Janeiro, la Ciudad Maravillosa, el clima es de escepticismo. Se juegan amistosos, y la convocatoria en los bares, es exigua. Sólo hay pequeños grupos de torcedores cariocas que se miran entre sí, como si estuvieran dudando del rendimiento del equipo a futuro, como si el Mundial no les perteneciera, justo a ellos, quienes más lo han ganado, donde la vida misma pasa por la playa, el corazón de Río, donde el deporte todo lo abarca.

Imaginábamos una explosión de júbilo. Una postal adornada con los dos colores características. Pensábamos que nos íbamos a topar con cargadas típicas, con rivalidad manifiesta, pero no. Nada de eso. La cabeza del brasileño está pensando en otra cosa. En el destino de los gastos excesivos por la construcción y mejora de los estadios, en el famoso legado de la Copa del Mundo, si es que algo le queda a una sociedad expectante, distante del evento y descontenta con la organización del campeonato.

Que todo puede cambiar ni bien la pelota empiece a rodar? sin dudas. Los resultados mandan, y el triunfalismo puede dejar de lado por unos días la crítica social expresada de manera espontánea y masiva hace un año, durante la Copa de las Confederaciones, y mucho menos representativa, aunque organizada, en esta coyuntura tensa y con reclamos permanentes. Ahora, también es conveniente aclarar, la política está haciendo de las suyas, sobre todo teniendo que aquí habrá elecciones en el mes de octubre.

La presidenta Dilma Rouseff se encarga de aclarar ante los medios internacionales que su país está preparado para enfrentar la organización de un Mundial de fútbol, colocando a su país, según asegura a la altura de las circunstancias. El vínculo con la FIFA pende de un hilo y hasta hay quienes se animaron a vaticinar que la Copa estuvo al borde de ser suspendida. Pero ahí está este gigante emergente, tratando de sobreponerse a las críticas y dispuesto a salvar su orgullo. Faltan horas. El mundo mira a ésta séptima potencia industrial. Lo mejor está por venir,  y aquí tenemos el privilegio de poder vivirlo, y el compromiso profesional, de contarlo.

Admin
Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInEmail this to someone