Alumnos en las aulas: la necesidad de aprender de los errores

En soledad. En absoluto hermetismo. Sin haber consultado -eso se dice desde el entorno más cercano- a ningún otro dirigente político ni funcionario de confianza. Así aseguran que tomó la decisión el presidente Alberto Fernández de comunicar nuevas restricciones. Desde los últimos días en confinamiento, evidenció su enojo con la falta de aplicación de límites a las conductas sociales por parte de los gobernadores. Las imágenes de las filas en un conocido shopping, dicen, lo hicieron estallar de furia. El recorrido de las últimas horas muestran al mandatario encerrado en sí mismo, jurando y perjurando que nadie influyó en las nuevas medidas adoptadas (ni Cristina Fernández de Kirchner, poco apegada a la agenda de la pandemia, ni Axel Kicillof). Antes de enfrentar la cámara en su mensaje grabado de 18 minutos, de corrido y con omsiones y polémicas, todos los secretarios de estado y voceros de ministros ya se habían referido a la necesidad de mantener las clases presenciales, y a la necesidad de esperar los resultados de las primeras restricciones antes de adoptar nuevas. Se iban a enterar por televisión, como una sociedad entre el hartazgo y el descreimiento.

El presidente reconoció haberse hecho cargo de una decisión. Pero uno se pregunta si existió una estrategia previa, un diagnóstico acertado y un estudio de escenarios y contingencias para planificar las acciones. La situación epidemiológica y sanitaria ameritan medidas basadas en la investigación y la evidencia científica. Las hubo para resolver suspender la presencialidad escolar? O caló hondo la política y el imperioso deseo de recuperar la autoridad y la iniciativa? Ninguna estadística hace pensar que en los establecimientos escolares con todos los protocolo en funcionamiento se producen contagios en proporción considerable como para volver a la virtualidad. Nicolás Trotta y Carla Vizzotti, habían defendido la presencialidad con uñas y dientes, pero lo impensado ocurrió: una disposición en solitario, ajena a la realidad de las escuelas, abrió un nuevo escenario de crisis, entre tantas abiertas.

Guillermo Panizza
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