2015, el año de las elecciones.

Elecciones de medio término, legislativas, o un plebiscito de gestión. Como quieran catalogarlas, el 27 de octubre quedará marcado en la memoria colectiva e histórica del kirchnerismo, como la fecha en la quedaron definitivamente bloqueadas las insinuantes aspiraciones reeleccionistas de Cristina Fernández de Kirchner.

La derrota del Frente para la Victoria en el principal distrito electoral del país, la provincia de Buenos Aires, es el límite que la oposición ha podido marcarle al oficialismo de cara a las presidenciales de 2015. Entre los principales ganadores de la contienda, emerge sin dudas, la figura del intendente de Tigre Sergio Massa, diputado nacional electo que logra superar inclusive el resultado de las PASO del mes de agosto pasado. Pero no sólo el ex titular del ANSES y jefe de gabinete kirchnerista aparece en la lista de presidenciables. Hermes Binner, hombre fuerte de Santa Fe merced al triundo de su delfín Antonio Bonfatti, también parece en condiciones de calzarse el traje de candidato. Al igual que él, y desde la provincia de Mendoza, otro ex oficialista, Julio César Cleto Cobos, ha confirmado que la Casa Rosada es sin dudas, el objetivo de su carrera política.

Mauricio Macri no ha tardado ni un sólo minuto en anotarse en esa carrera. Consumado el triunfo del PRO en la ciudad -y realizados los característicos y “discutibles” pasos de baile en un escenario pintado de amarillo- el jefe de gobierno porteño se animó a lanzar su incipiente campaña electoral, y encabezó un discurso con la mirada puesta en 2015.

En el oficialismo habrá que seguir de cerca como avanza el sciolismo en su intento de posicionar al inescrutable gobernador, siempre apoyado en la gestión y en el escaso apego a la confrontació. Sergio Uribarri, de Entre Ríos, del Chaco, y Jorge Capitanich, aparecen como potenciales representantes del “Cristinismo” para pelear poder político desde el interior del país.

Ciertamente previsibles -ninguna encuesta equivocó resultados – las legislativas han marcado el pulso del deseo popular a través del voto. Muchos ya empiezan a pensar en lo que va a ocurrir en dos años, fin de ciclo mediante. Claro que para la Argentina, dos años puede resultar una eternidad. El vértigo que impone la dinámica agenda política y económica de cada día en nuestro país, puede marcar el destino inmediato. 2015, allá vamos.

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